Mis mamás me miman

Elena tiene 6 años, este es su primer año en el colegio. Le cuesta levantarse tan temprano pero en el fondo le encanta despertarse pensando en los juegos y los cuentos que leerán hoy en clase. Su profesora se llama Estrella y tiene el pelo liso y rubio, eso a Elena le gusta mucho porque según ella es “muy suave y largo”. Estrella se ríe mucho con Elena aunque en ocasiones la tiene que regañar porque es muy nerviosa y a veces no hace mucho caso…

Esta tarde ha llegado del colegio con Paula, mi mujer, ha merendado y ha estado toda la tarde ramoneando por la casa. Anda con los juguetes de arriba a abajo y cuando se aburre le toca al perro sufrir los nervios de la enana. Es una cría muy inquieta pero es muy fácil de llevar, todo la hace ilusión y con cuatro cosas se crea una historia que la mantiene entretenida durante un buen rato. Tiene una imaginación enorme y es capaz de montarse en dragón con cabeza de cebra para surcar mares de gelatina morada y conseguir la piedra mágica… Nunca sabes qué personaje te tocará hacer a ti, yo ayer fui un árbol y tuve que hablar con la boca entrecerrada hasta la cena.

A la hora de la cena, mientras la sopa se enfriaba un poco me ha preguntado algo que, aunque sabía que llegaría el día en que me lo preguntase, no pensé que fuese a ser hoy:

Mamá, un niño de mi clase cree en Dios. ¿Tú también crees en Dios?

– No, yo no creo en Dios. – le he respondido mientras seguía comiendo.

– ¿Y tú mamá?– le ha preguntando a Paula.

– No, yo tampoco. – ha respondido ella. Se ha quedado un rato callada y al ver que la conversación no continuaba, ha insistido.

Pues yo no sé si creo en Dios, porque estoy un poco enfadada con él. – En ese momento Paula y yo nos hemos mirado extrañadas, a mí me ha salido una pequeña carcajada y la hemos mirado con una gran sonrisa.

¿Por qué estás enfadada con Dios Elena? – le he preguntado.

Entonces Elena ha cambiado su gesto, antes tenía una cara dubitativa pero parecía que ahora tenía una expresión más parecida al enfado, al cabreo diría yo. Se ha sentado recta en la silla, ha dejado la cuchara en la mesa y se ha retirado el pelo detrás de las orejas. Tenía que prepararse para decirnos esa razón por la cual “estaba un poco enfada con Dios”. Hemos tenido que aguantar la risa aunque nuestro gesto también iba cambiando hacia una expresión de intriga.

Eduardo, el niño de mi clase que cree en Dios, dice que Dios no deja que dos mujeres se quieran. Dice que los papás y las mamás tiene que estar juntos, pero no las mamás solo, y que mis mamás no pueden estar juntas. – la cara de Elena cada vez expresaba más rabia y su voz comenzaba a entrecortarse. Su entrecejo estaba muy arrugado y los ojos se le cerraban cada vez más. Los morritos se hacían una pelotita en el centro de su cara y casi se juntaban con la nariz.

Paula y yo nos hemos reído cariñosamente para quitarle importancia y la hemos acariciado desde los dos lados de la mesa. Entendemos que para una niña de seis años que se ha criado con nosotras en un entorno en el que ha sido aceptada siempre tal cual, debe ser difícil de entender porqué hay gente que no asume que la familia es mucho más que un hombre y una mujer con hijos. Rápidamente le hemos dado una explicación a todo eso y Paula le ha contestado:

Mira Elena, en la vida se puede creer en muchas cosas, y te voy a decir en lo que creo yo. Yo creo en la risa como medicina para casi todos los males, porque cuando te duele la tripa, lo mejor es reírse y olvidarse de aquello que nos molesta. Creo en los abrazos y los besos, para mantener una relación viva y querer a una persona cada día más, por eso cada noche te beso al acostarte y te despierto con un abrazo calentito. Creo en la luz, que nos hace más felices y nos da vida, en los paseos y tardes en el parque cuando hace calorcito. Creo en las sorpresas, que nos hacen mantener la inocencia y nos rejuvenecen a diario, como cuando llegamos a casa y Dante nos recibe entre saltos y ladridos.

Elena la miraba anonadada y su carita iba transformando esa expresión de enfado en ilusión y optimismo.

Y sobre todo – ha ultimado Paula – Sobre todo creo en la ilusión, porque con ella las personas mantenemos la esperanza y la confianza en nosotros mismos para ser mejores cada día. Con la ilusión vencemos al miedo y podemos hacer lo que nos propongamos. Por eso, tu madre Andrea y yo no tenemos miedo a que Dios no apruebe que dos mamás estén juntas, porque tenemos ilusión. Y nos gusta e ilusiona que tú también estés con nosotras, y Dante. Nos ilusiona que estemos todas juntas en esta casa y que nada cambie, si Dios no entiende eso, es que no merece la pena creer en él.

De manera natural hemos cambiado de tema y hemos terminado de cenar tranquilamente. Elena se ha acostado muy feliz y nos ha pedido besos y abrazos a las dos para tener dulces sueños, incluso Dante también se ha llevado lo suyo. No sabemos si finalmente Elena ha hecho las paces con Dios o si lo ha mandado a la mierda con sus sermones sobre el matrimonio, lo que sí sabemos es que esta noche tiene ilusión en su familia, sea como sea, y eso a nosotras nos vale.

 

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