Miedo

Terrores que me bloquean. Miedos que me sacan de quicio. Sobresaltos que me dan la risa. Desconfianzas que me mantienen en el margen. Pánico.

Es imposible controlarlos, a veces son sustos y otras horrores pero siempre vienen disfrazados de ilusión y confianza. Generan histeria y me hacen ser una cobarde incapaz de dar un paso. Pavor.

Como el que se hunde en medio del mar e intenta sacar la cabeza a flote sea como sea. Pero pasado un tiempo, las fuerzas flaquean y aunque tu mente recibe los espasmos de un cuerpo que quiere sobrevivir, también entiende a un corazón que se deja morir.
Es justo en ese momento en el que debes decidir. No queda tiempo y debes hacer algo. Sigue nadando o abandónate. Miedo.

Debería enfrentarme a todos mis espantos, hacerme la fuerte y crecerme ante estas adversidades. Minimizar el trauma y seguir adelante. No, no quiero. Mis temores son míos y yo soy parte de mi cobardía. Si no dudase y tuviese mis recelos no sería yo. Obligarme a apartar mis turbaciones no deja de ser una obligación y no estoy dispuesta a pasar por eso. No se supera un reto con la única motivación de dejarlo atrás.

No quiero saber porqué los monstruos no duermen conmigo. Quizás ellos también me tengan miedo y por eso gruñen bajo la cama. Andar con pies de plomo y el miedo en los ojos, ya tendré tiempos de luz.

 

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